para cuando estas despierto

A veces mis pensamientos dejan de fluir en este mundo del diario y solo pasan por tu piel; tu cuerpo desnudo se dibuja en mi mente, lo imagino, y lo recorro con mi ojos cerrados, con mi manos flotando sobre tus pies, con la luz media que da la noche, con mi labios, con mi memoria que recuerda como un “déja vu” todos tu valles y todos tus caminos.

Un portal que ve al jardín.

Es una idea que viene del deseo, que viene de soñar un verano con tu ventana abierta dejando colar el viento furtivamente, dándole permiso de recorrer tu habitación, de escuchar tu respiración. De ese deseo de ser viento también, para que como a el, me pidas con vehemencia recorra tu piel en las noches de calor.

Una lluvia incipiente.

Es una idea para verla despierto, para que no me mate la rutina en los descansos, para estar bebiendo de ella cuando en el elevador solo hay aire entre cada piso que baja, para que cuando el rojo del semáforo se demore tenga a donde mandar la mirada en lugar de perderla en el arrollo de automóviles.

Es un pensamiento de verano dentro del invierno que termina, un sentimiento de estar solo y no querer estarlo, uno que me hace ver a través de ti, que me hace disfrutar de tu aroma, que me hace escuchar tu voz jadeando entre el calor húmedo de esta urbe que transpira el agua que la moja.

Te veo desnuda en la penumbra de la noche, te veo sentada en el rió esbozada por el azul lunar, escucho el ruido del agua y siento cercano el humor de tu piel, el aroma de tus cabellos mojados.

Te olvido de pronto como humo que se desvanece en el cielo, olvido que mi memoria guarda hasta lo mínimo de ti, olvido donde esta la entrada de mis recuerdos para no encontrarte.

Dejo migajas para volver a ti, como un buscador, como un cazador, rastreándote, reencontrándote cada vez. Aun así, te pido, búscame de vez en cuando como hasta ahora, por que las aves del cielo rondan de cerca la tierra, y comen eventualmente lo que dejo. Búscame para reencontrar el camino, el sendero de tierra roja, el que esta cerca del rió.

Ahora olvido, olvido un poco que existes, le digo a la memoria, que no hay más que el camino que viene de frente. Ahora de pronto el diario cotidiano se me devuelve, el teléfono suena, hay asuntos que atender.

Una oficina que despierta.

¿Quién soy?, -soy lo que vez, soy lo que sientes, escucha mi voz, se dobla, se ensancha y soy eso, un hombre como cualquiera, con un timbre insensato que se mete entre las palabras de este texto, con la única diferencia notable, de que tengo una idea para verla despierto, una idea que se pierde y se aparece en los ratos del diario, una diferencia que me hace ser yo… El que esta frente a ti. Llámame de vez en cuando como hasta ahora.

Un fantasma muy tangible

Gama

Jueves
17:04 p.m.
01/02/2007

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